Existen varios tipos de catas de vinos. Estas pueden ser de vinos blancos, de tintos, por regiones geográficas, por países, catas a ciegas etc. También existen varios tipos de calificaciones o puntuaciones.
El sistema más ampliamente utilizado hoy es el sistema Parker, famoso conocedor de vino de origen estadounidense, que utiliza una puntuación a partir de los 50 puntos hasta un máximo de 100 puntos. También existe un sistema europeo de 1 a 20, otro que cataloga el vino como excelente, muy bueno, bueno, regular, desechable etc.
El sistema que más me gusta para comenzar es el que realiza una ecuación entre calidad y precio. Este nos ayuda mucho a la hora de elegir un vino de las góndolas de supermercados o negocios especializados.
Muchas veces, basamos nuestra elección en un producto por su estrategia de marketing, cuando tenemos uno al lado de mejor calidad y hasta mejor precio.
Básicamente, la cata tiene tres procesos:
Empiece observando el vino, preferiblemente con buena luz, no fluorescente, y contra un fondo claro y plano (una hoja blanca de papel es ideal). Al verter el líquido, llene la copa a un cuarto de su capacidad. Sujete la copa por la base o el pie y distánciela de usted, formando un ángulo de 45 grados. Mire la copa comprobará la claridad del vino, si tiene burbujas o cuerpos extraños, la intensidad del color y como este se gradúa desde el centro a los bordes. Tanto si deposita la copa en la mesa como si la sujeta por el pie o la base, remuévala para provocar un movimiento de rotación en el vino. El principal motivo es airear el vino para que libere sus componentes volátiles; luego, eche un vistazo.
Con nuestro exclusivo kit de aromas del vino, tendremos primero la experiencia de aprender los diferentes aromas que encontramos en el vino desde limón hasta toronja, desde vainilla hasta chocolate amargo y muchos más. Acerque su nariz a la copa e inhale. Después haga un segundo remolino con su copa, introduzca su nariz e inhale más profundamente. La mayoría de la gente cree que una inhalación más profunda aporta más información que muchas cortas y agudas, pero lo más importante es que haga lo que le resulte más efectivo.
Tome un sorbo generoso, pero no un trago tan grande que tenga engullir inmediatamente. Paladee los sabores y desplace el vino suavemente por la boca de manera que alcance cada rincón de cada papila gustativa. Luego, si se siente seguro y en confianza (yo lo recomiendo), abra sus labios y introduzca un poco de aire. Esto airea el vino del mismo modo que el remolino en la copa, y ayuda a mandar los componentes volátiles del vino desde el fondo de su boca hacia el bulbo olfativo. No trague (o escupa) hasta que haya obtenido un sentido de los sabores y una sensación del vino. Entonces preste atención al sabor que ha quedado, conocido como final o resabio. Tiene que ser placentero y duradero, durando hasta 30 segundos en algún os casos.
Los aromas se dividen en tres segmentos:
Primarios: son los aromas propios de la uva con la que hacemos el vino, por ejemplo: Flores, frutas, vegetales, especias.
Secundarios: estos aromas, al contrario de los anteriores, no existían en la uva, sino que fueron incorporados durante la fermentación alcohólica y maloláctica. Pertenecen a las siguientes familias: Alcoholes, como el etílico; lácticos, como la mantequilla; ácidos grasos, como el jabón, o la cera. aldehídos, como la levadura y el pan.
Terciarios: estos aromas también se denominan como post fermentativos o aromas de bouquet. Normalmente se desarrollan en el envejecimiento en toneles, al que son sometidos algunos vinos. Se trata de las siguientes familias: